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Las formas del sonido

He empezado a aprender a leer con los oídos,  a dibujar en las depresiones y compresiones del aire  las formas en forma de onda de las palabras.  Los sutiles movimientos palatales de las “eles”, las percusivas “tes”, las renqueantes “erres”, las sinuosas “eses” y hasta las explosivas “pes”. Todas tienen su propia forma invisible.  Ruedan las “oes” hasta mis oídos, caminan las “ies” con sus diminutas patitas de cristal  pasando por mi lóbulo con delicadeza. A veces quisiera cerrar los oídos por miedo a alguna “e”, sobre todo si va precedida de una “efe”, pero no hay párpados para los oídos, solo un canal abierto al golpe de cualquier susurro. Me imagino a Fourier y a Laplace transformados también en ondas longitudinales, dibujándose en un medio adiabático y sin pérdidas por viscosidad: etéreos, sonoros, eternos.

A contracor

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    Una barca contra el mar el mar contra corrent el corrent contra la barca la barca contra el vent   Un colp contra la platja de sorra contra uns peus una tanca contra els peus dos mons contra la tanca   Un dit contra un gallet el gallet contra una bala la bala contra un cor el cor contra un terreny 

Desde mi balcón

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  Los pájaros sueñan con ser aviones, expandirse como el metal pesado, salir del afrontera de la jaula y volar a conocer otros balcones. Llamados por la inevitable fuerza, el genético recuerdo de añoranza de la migración que jamás hicieron hacia las tierras jamás visitadas. No vieron la arena romper las olas, ni hicieron nunca al pájaro volar aquellas tristes y encerradas alas. Suenan notas de blues en los balcones,  ansias de libertad en algún parque que solo intuyen entre los barrotes.