Las formas del sonido
He empezado a aprender a leer con los oídos, a dibujar en las depresiones y compresiones del aire las formas en forma de onda de las palabras. Los sutiles movimientos palatales de las “eles”, las percusivas “tes”, las renqueantes “erres”, las sinuosas “eses” y hasta las explosivas “pes”. Todas tienen su propia forma invisible. Ruedan las “oes” hasta mis oídos, caminan las “ies” con sus diminutas patitas de cristal pasando por mi lóbulo con delicadeza. A veces quisiera cerrar los oídos por miedo a alguna “e”, sobre todo si va precedida de una “efe”, pero no hay párpados para los oídos, solo un canal abierto al golpe de cualquier susurro. Me imagino a Fourier y a Laplace transformados también en ondas longitudinales, dibujándose en un medio adiabático y sin pérdidas por viscosidad: etéreos, sonoros, eternos.